Las colonias del sur de la ciudad de Chihuahua son adornadas por una estructura arquitectónica hecha de piedra, El Acueducto Colonial, fue la primera obra de agua potable en 1738, que ensayaba los metales extraídos de Santa Eulalia. En 1751 el Virrey de la Nueva España, Antonio María de Bucareli y Urgúa, Conde de Revillagigedo, ordenó la construcción de un acueducto que surtiera de agua a la población. En 1768 fueron suspendidos los trabajos debido a operaciones contra grupos indígenas. El acueducto apenas llegaba a los suburbios, hoy colonia Guadalupe; la obra continuó diez años más tarde y para 1786, el Ayuntamiento invirtió mil 866 pesos, logrando hacer llegar el agua a la “Alameda vieja”, ahora parque Lerdo y se establecieron las primeras fuentes dentro del perímetro de la población. Después de años de suspendidos trabajos, éstos se reanudaron en 1805. En este tiempo se construyeron acequias auxiliares en toda la ciudad, desde el crucero de las actuales calles Vicente Guerrero y Allende y varias pilas de almacenamiento intermedias. Las más conocidas acequias para la dotación de agua, además de la de San Felipe, eran la Pila Principal, ubicada en la Plaza de la Constitución, así como la Pila Pérez en la confluencia de las calles décima y Allende. Cuando las acequias auxiliares de cal y canto, las pilas y fuentes fueron desapareciendo con el tiempo de la ciudad, el acueducto principal en 1969 prestaba sus servicios. En sus años de gloria la obra estaba compuesta de cinco kilómetros de extensión, aproximadamente de los cuales aún se conservan, cuatro que preservan parte de la arquería original. Hoy en día es uno de los principales atractivos turísticos y se considera como una reliquia antigua, marcando una era importante en la ciudad, el inicio de la civilización.
Acueducto Colonial
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